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...Estas líneas, dirigidas a Uds. lectoras y lectores, quieren ser la apertura de una nueva columna, expresando, lo que aprendí viviendo las cosas en mí Vida, en mí mundo y en sus alrededores... caminando...caminando...y continuando a caminar... y siempre pronto a aprender… Son varios temas que esta columna irá tratar… y que dejará que el lector pueda expresar sus opiniones o preguntas… Al pedido de la redacción de participar a colaborar con una columna, sinceramente me sentí muy alagado y espero merecer… Para eso fui a procurar entre mis escritos un cuentito que hace parte del libro: “Pequeños cuentos…de un caminante”… para poder dar comienzo a esta iniciativa… Desde ya por mis limitaciones del idioma español, espero que Uds. puedan comprender y disculpar…

…Nomís Símon... el caminante...

… Sonidos del bosque...

Era una vez un Rey que envió su hijo a estudiar con un gran Maestro, con el fin de prepararlo para ser su sucesor al trono y ser un gran líder.

Cuando el Príncipe llegó a la casa del gran Maestro, se encontró que no tenía nada de grandioso. Era una casita modesta, ni pobre ni lujosa. Era pequeña, cálida, cómoda para la vida del mismo; en medio de eucaliptos y con vista al mar.

El Maestro, trasmitía una calma y una serenidad, que realmente dejaba transparentar una luz en sus ojos, por haber caminado los muchos senderos de la vida y del mundo….Cuando tomó conocimiento de las intenciones del Rey, envió el Príncipe al bosque. Él debería regresar después de un año y describir todos los sonidos que consiguiese percibir en este período.

Pasado un año, el Príncipe regresó y, delante del Maestro dijo:

- Maestro, escuché el canto de los pájaros, el movimiento de las hojas, el movimiento de las alas del colibrí, el zumbido de las abejas y el sonido del viento en el cielo. -

Cuando el Príncipe terminó su relato, el Maestro le pidió que regresase nuevamente al bosque, para escuchar más sonidos. Él aún no había escuchado lo más importante. Intrigado, el Príncipe obedeció, pensando: “no entiendo,…pensé que había ya escuchado todo...”…

El Príncipe, pasó días y noches solo...en el bosque…escuchando, escuchando, escuchando…pero no consiguió distinguir nada de nuevo, fuera de lo que había ya escuchado el año anterior. Una mañana, en la sintonía especial de la naturaleza comenzó a escuchar nuevos sonidos, diferentes de todos los ya escuchados. Cuanto más atención daba a los sonidos, nuevos… más el descubría. – “Estos deben ser los sonidos que el Maestro quería que escuchase…” - pensó el Príncipe. Así que regresó a la casa donde vivía el Maestro, quien le preguntó de nuevo lo que había escuchado.

Paciente y respetuoso, el Príncipe respondió:

- Maestro, escuché lo inaudible: sonidos de las flores, el sonido del sol calentando la tierra y la hierba del pasto bebiendo el rocío de la noche -

El Maestro, escuchó atentamente todos los nuevos sonidos que el Príncipe consiguió escuchar y le respondió:

- Escuchar lo inaudible es tener la calma necesaria para transformarse en un gran líder –

Solamente cuando conseguimos escuchar el corazón de las personas, sus sentimientos mudos, sus miedos no confesados y sus quejas silenciosas, comenzamos a comunicarnos con el otro.

Lo que el otro me dice sin decir. Lo que las personas procuran comunicarme, mas no encuentran palabras que las ayuden. Una buena comunicación tiene que ver, con la posibilidad de poder escuchar más de lo que hablan y comprenden; al final de cuentas, no es necesario apagar la luz del otro para hacer brillar la nuestra.

Hasta la próxima…

Nomís Símon*


* - Nomís Símon – el caminante – … pseudónimo del autor

- http://www.nomissimon.com